UNO



UNO. Tus ojos abren el camino. Luz de machete que se mueve ágil. La selva son ellos. Los que aguardan, los que esperan. Estás tú. Estoy yo. El párpado inmóvil acecha el deseo. Mueves tus manos. Aleteas esferas. Un dedo recorre tus labios, se aventura boca adentro. Danzan las horas. Espirales. Respiro. Me agito. Araña atrapada en un teclado. Me acompaso y me disuelvo en ti,

mojándolo todo.





Luis Eduardo Aute. Mojándolo todo

DOS



DOS. Dame. Dame la humedad de mis manos. Mis dedos aprisionan tu voz en un gemido. Te reclaman. Dame luz para mis manos. Mis ojos poseen tu noche. Lúbrica luz. Noche deseada. Dame fuego que transgreda pactos. Tú hablas y yo respondo silencios. Todos permanecen ajenos a ti. Y a mí. Mi cuerpo traspasa mares y me quemo por

dentro.




TRES


TRES. Basta volver a introducir los dedos bajo la tela. Cerrar los ojos. Allí estás otra vez tú. Y tu boca da paso al tránsito húmedo del deseo como una orden que no admite réplica. Mis dedos juegan a aritméticas, siguen la cuenta de un rosario líquido que moja los muslos de mi alma. Sigues tú en mi cabeza, tacto recordado, materia precisa que se recrea oliéndote. Vuelvo a ser medusa que nada en playas de locura. Dibujo tres cometas que se balancean en el recuento de tus manos... y me pregunto:

¿quién eres tú?


CUATRO



CUATRO. (Re)conocimiento. Saber cómo hueles. El calor de tus nalgas en mis manos de arena. El áspero tacto de tu lengua bendiciéndome. Caminos que me (re)corro de memoria con sólo tus ojos pidiéndome ofrenda. Cáliz soy de vino oscuro

(re)cordándote.



ONCE


ONCE. Noche de mar oscuro. Intuida luz de tiniebla. Relatas mareas que yo escucho en caracolas errantes. Murmullos de osa mayor, olas que te encierran. Cuéntame tus heridas en el bálsamo del deseo

donde cruza la frontera.




Imagen: Howard Shatz
Canta: Diego Vasallo

DOCE


DOCE. Sabe el mar a recuentos. Encuentros alados que recogen mis manos. La arena moldea, austera, mis pies sin patria. Busco. Te busco voz salada. Guarda mi alma sin nombre

en las huellas borradas.




Imagen: Howard Shatz
Canta: Diego Vasallo

TRECE


TRECE. Horizonte. Plano deseo inmóvil, a la espera. Perverso ocaso, calenda cruel de tu origen. Tus sombras invaden mis manos, adormecen el olvido

en algún lugar oscuro.




Imagen: Howard Shatz
Canta: Diego Vasallo

CATORCE


CATORCE. Un mar de salados nombres dibuja desasosiegos. Es el ángel que navega. Flor secreta. Tiembla el alma que quedó atrás, en otro abismo. Cántame. Cántame y yo danzaré en tu orilla. Tu boca entona colores nuevos. Mírame, bailan mis pies al son de

prometedores naufragios.





Imagen: Howard Shatz
Canta: Diego Vasallo

QUINCE


QUINCE. Arrío velas y el mar se detiene. Nada la duda al acecho en la boca atenta de la medusa. Estás y no estás. Mírame. Soy la sirena que ya no canta. Miénteme con palabras, bálsamo de engaño. Ola a ola, mis manos acogen frutos marchitos, resaca cruel de tu nombre, opaco color de salado deseo, amargo

collar de lunas.







Imagen: Howard Schatz

Canta: Diego Vasallo

DIECISÉIS


DIECISÉIS. Deshojo mares. Margarita atroz que no te contiene. Pétalos salados de ausencias. Imposible olvidar el rumor de tus ojos ondulando noches, navegándome. Tu piel y mi piel, velamen maduro que cosechó el tiempo. Detente mar. Detente. Deja que respire una vez más sus ojos errantes en esta


canción imposible.





Imagen: Howard Schatz
Canta: Diego Vasallo.

DIECISIETE



DIECISIETE. Perdimos la fe en los designios. Las naves cabalgaron derrotas. Me faltan mareas, rosario húmedo que te acerca. Una brújula lanzada al viento recorre la tierra sin nombre. Te busca. Descorchas dunas en mi cuerpo presentido, posees mis rutas secretas, el misterio esclarecido de mis ojos furtivos. Lames mañanas y yo te espero. Tus manos son

ascensores hacia al cielo.




Imagen: Howard Schatz
Cantan: Diego Vasallo y Luis Eduardo Aute

DIECIOCHO



DIECIOCHO. Duele el mar. Se desliza como una moneda entre los dedos. Caracolea cara o cruz en el tiempo. Luz de tormenta que desatas. Recuerdos de lo que aún no ha sido. Remontan los relojes su arena, detienen esferas. La sirena recuenta sus escamas, bebe veneno de antiguas lunas. En el olvido se desmigan letanías amargas de

perlas falsas.





Imagen: Howard Shatz
Canta: Diego Vasallo

VEINTIUNO




Se detiene el tiempo en el dolor de la tierra que cultiva bálsamos, paz floreciendo. Labra el olvido surcos paralelos. Los tuyos, los míos. Desdibuja el deseo toda herida, hiedra que tapizó derrotas. No hay luz sin ti, se derrama en tus manos como

primera lluvia.



Imagen: Xav Aka Sakana
Canta: Martirio, Primera lluvia

VEINTIDÓS


VEINTIDÓS. Llovió antes y lloverá después de que te vayas. Guardaré la luz de la tormenta en la última palabra, en la lucha que devora cuerpos a brazadas. Alma, húmeda ternura, hablan tus ojos y el viento te siembra. Aún así, los dos sabemos que volverán a llover palomas después de tu mirada. Pacto de lo inevitable,

son cosas que pasan.








Imagen: Xav Aka Sakana
Canta: Martirio, Son cosas que pasan

VEINTITRÉS





VEINTITRÉS. Llueves. Te derramas en mi boca. Ya no quedan caminos, sólo el fulgor de tus manos. Se estremece el tiempo. Fecundas encuentros en el vuelo húmedo de la sirena. Me toca tu voz esperada. Humedad láctea en los ojos amarillos de la luna. Impregnas mi piel, nómada de deseo. Deshago la lluvia en las manos del olvido. Ahora lo sé,

me faltabas tú.




Imagen: Xav Aka Sakana
Música: Martirio, Me faltabas tú.